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jueves, 14 de febrero de 2013

DÍA DE FIESTA


Relatos desencadenados 2012-2013

Una de mis propuestas de esta semana para "relatos en cadena". Una semana de colgar cosas.


DÍA DE FIESTA

El leve crujir de la viga de la que cuelga su padre, boca abajo, lo deja petrificado. Si aun le latiera, ahora tendría el corazón desbocado martilleándole las sienes. Cuando puede moverse de nuevo, se desliza de puntillas, la capa bajo el brazo, intentando no agitar el aire. Trepa por el marco de la puerta y de un acrobático giro alcanza el perchero. Éste golpea la pared, y el ruido hace remover a sus progenitores, que se arropan con sus alas antes de quedar otra vez inmóviles. 
Silencio. 
Espera tensa.
Debe alcanzar su viga antes de que anochezca y despierte su padre.





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sábado, 9 de febrero de 2013

TRABAJO NOCTURNO



Relatos desencadenados 2012-2013

Otro intento para la semana 16, para "relatos en cadena". Este más convencional, je je.


TRABAJO NOCTURNO

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel, mejor, así he podido trabajar tranquilamente. Uno, en el encargo de la semana pasada, me estuvo incordiando toda la noche y al final tuve que incluirlo, gratis, en el pedido. 
Éste en cambió ni se ha movido. Me ha dejado liquidar la faena limpiamente. 
Hoy tenía encargo doble, debo acordarme a la hora de facturar. He podido recogerlo todo tranquilamente, limpiar a fondo el escenario, deshacerme de los bultos.
Antes de que amanezca tengo que desaparecer, pero no me iré sin levantarlo, vestirlo y darle el desayuno. A saber cuánto tardarán en encontrarlo.



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miércoles, 26 de septiembre de 2012

E.U.R.E.K.A.

He esperado a tener el libro en mis manos para publicar este post, y finalmente ayer lo recibí.

Os presento EUREKA, un relato sobre el fin y el principio del mundo, homónimo al libro de Poe (y que recomiendo), del que me atrevo a incluir la introducción. Este relato ha sido seleccionado como finalista, para ser publicado en la antología del Certamen S.O.S 2012, convocado por “la cesta de las palabras”.


EUREKA

Con verdadera humildad, sin afectación y hasta con un
sentimiento de temor, escribo la primera frase de esta
 obra, pues de todos los temas imaginables acerco al lector
 al más solemne, al más amplio, al más difícil, al más augusto.
E.A.Poe



Recortada sobre un fondo de cristalera gótica, luz morada del ocaso, la silueta encorvada del viejo creador martillea una vieja Underwood. Blanca la barba y   largos los cabellos, raídos, que desprenden, al contraluz, destellos de vieja plata bruñida, formando una especie de aura.


A cada golpe se agitan los cabellos, y un leve rumor, en el estremecimiento de mil galaxias inalcanzadas se siente, removiendo, en lo más atávico del espíritu de los sensitivos. A cada palabra mil mundos contrayéndose hacia un mismo destino.


En la segunda página el cielo se cubre de masas celestes plegándose, fatua luz de mil soles colapsando. La física newtoniana confirmándose y negándose indistintamente, simultáneamente, en trayectorias imposibles.


En la tercera los seres, aun salvajes, habitantes del planeta, aun sensibles, perciben ya claramente el significado del todo. Corren a refugio, o se suicidan en masa. Hasta los propios árboles parecen querer huir y se revuelven. Los que pueden sueltan sus hojas, que se arremolinan enfebrecidas, que se lanzan contra el miedo, queriendo escapar del suelo, queriendo escapar del cielo.


En la cuarta una lluvia de asteroides, sílice y hierro encendidos. Hielo y fuego. Ahora los seres huidizos, los árboles, las hojas embravecidas, son teas ardientes en cientos de espirales columnas, ciclópeas, que se alzan vertiginosamente para precipitarse golpeando la tierra con furia y volver a iniciar el enloquecido ciclo, empujados por la fuerza de todos los mares vaporizados en un instante.


En la quinta los efectos gravitacionales ya son perceptibles para todos. Las construcciones más sólidas se desploman, se abren gargantas por doquier que engullen montañas. Nuevas montañas surgen del interior de la tierra. Toda la superficie es barrida por el fuego, el fuego es devorado por la tierra y vuelve a brotar.


En la sexta todo vestigio del hoyar humano en este universo ha desaparecido ya, la materia se confunde en sus formas, y nuevos estados de la misma se aparecen y se destruyen ante los ojos. La presión se hace insoportable


Sobre las últimas líneas de la séptima, el propio santuario vuela, piedra a piedra, en pedazos girando alrededor, elevándose sobre un vórtice de energía infinita.


Con las últimas letras el absoluto converge hacia este último centro.
El dedo y la máquina deletreando la definitiva.


(tap) E...


(tap) U...


(tap) R...


(tap) E...


(tap) K...


(tap) A...


Concentrándose, comprimiéndose en un único punto, adimensional, de negritud que lo contiene todo.



Esta, y otras publicaciones de "la cesta de las palabras" se pueden ver aquí

viernes, 27 de julio de 2012

EL CONSTRUCTOR DE CATEDRALES

Relato publicado en la antología Misterios para el sueño, como finalista del concurso organizado por "la cesta de las palabras" en el 2011.


EL CONSTRUCTOR DE CATEDRALES


Como tantas otras noches, desde hacia un tiempo, el ya no tan joven aprendiz de maestro de obras, seguía allí después del cierre.

En el pueblo opinaban que era afortunado por trabajar en un lugar tan especial, cargado de esa magia que da lo desconocido, pero él que ya conocía las miserias de esas catacumbas de poder, ambiciones y traiciones, no podía estar de acuerdo con esa afirmación, aunque aun ofreciera, complaciente, a sus vecinos, una media sonrisa a sus alabanzas.

Si bien era cierto que en la tranquilidad de esas horas el ambiente se cargaba de un cierto encanto, la monumentalidad del espacio al influjo de las sombras que se alargaban rápidamente, le sobrecogía. Y en esa inmensidad le asaltó el miedo al encontrase, a oscuras, a solas consigo mismo.

Deseó que los abominables monstruos que presagiaba el escenario desataran su furia. Que de los lúgubres rincones de la intrincada arquitectura se precipitaran las pétreas gárgolas convertidas a su forma viva arrasando la geométrica fábrica a su paso. Que se abriera la tierra bajo sus pies. Que en ensordecedoras jaurías brotaran del suelo temibles bestias del Apocalipsis, solo descritas en las febriles visiones proféticas de los enfermos, y que asolaran la tierra. Que del abismo surgiera el fuego exterminador, para sentirse partícipe de un terror colectivo, apacible.

Pero solo hubo silencio. Y en su soledad, a oscuras, se quedó, sin amparo, a merced de sus cotidianos miedos, banales, pueriles, terribles.